Martes, 2 de Junio del 2020

FUTURO DEL TRABAJO

FUTURO DEL TRABAJO

La robotización, la digitalización, la inteligencia artificial, entre otros avances tecnológicos, están transformando las ocupaciones y las tareas que realizan los trabajadores. Así, se hace evidente la necesidad de pensar en estrategias para actualizar las habilidades de los trabajadores y evitar pérdidas de empleo. La cuarta revolución industrial también está modificando la forma en que trabajadores y empleadores se encuentran y se relacionan en los mercados, generando tensiones, riesgos y oportunidades que serán fundamentales para el futuro. La emergencia de estas nuevas formas de trabajo a través de plataformas digitales regidas por algoritmos está alterando el funcionamiento de los mercados de transporte, reparto y servicios digitales, entre otros. A su vez, las tecnologías también han hecho posible trabajar de forma remota desde cualquier lugar y en cualquier momento. Todo esto sucede en un contexto en el que la participación laboral femenina va en aumento y los millennials demandan una mayor flexibilidad. Si bien estos temas están en la agenda de los países, todavía falta un enfoque global que aborde todas las aristas de este nuevo mundo del trabajo.

Un concepto que entra en tensión es la distinción entre trabajadores dependientes y autónomos. Y hay muchos derechos en juego. ¿Cómo afrontarlo? La distinción entre trabajador dependiente y autónomo no es un tema menor. Ser trabajador dependiente implica tener un régimen de protección laboral y de seguridad social amplio. Salario mínimo, vacaciones remuneradas, protección frente al despido, derecho a organizarse y formar sindicatos son algunos de sus beneficios. Por el contrario, para los trabajadores autónomos, este régimen de protección desaparece o es significativamente menor, por lo que existe una distancia importante en términos de protección entre ambos grupos. Las nuevas formas de trabajo desdibujan los límites entre ambas categorías, tornando difícil encuadrar a estos trabajadores en una u otra categorías. Como veremos más adelante, existen algunas alternativas que se están analizando para afrontar este tema.  

Entre los mayores problemas a resolver están las “zonas grises” que se encuentran entorno a las nuevas relaciones laborales. ¿Cómo vencerlas? En líneas generales para distinguir el trabajo dependiente del autónomo, se utilizan los “indicios de subordinación”. Si el trabajador recibe órdenes de su empleador, si cumple un horario fijo, si utiliza las herramientas de la empresa, si está inserto en la organización, estamos ante un trabajador dependiente. En caso contrario, ante un trabajador autónomo. El problema se presenta porque estas nuevas formas de trabajo combinan elementos de ambas categorías. Es lo que se conoce en la jerga legal como “zona gris”. Para resolver este tema algunos países están ampliando la definición de trabajador dependiente y así minimizar la zona gris. Es lo que ocurrió en Italia con la reforma laboral del 2019.  

¿De qué forma se está revisando y buscando soluciones a este tema a nivel global? Existen distintas alternativas que los países están instrumentando. La primera es aplicar el régimen vigente en cada país y calificar al trabajador en una u otra categoría en virtud del principio de la realidad, que depende de las características del vínculo entre las partes, independientemente de cómo le llame su empresa (socio, conductor, proveedor, etc.). En California, cuna de las plataformas de Silicon Valley, el Congreso aprobó una ley (Ley AB5 de 1°/01/2020) que considera trabajadores a los conductores de plataformas, entre otros. Otra opción es crear una tercera categoría que combine elementos del trabajador asalariado y del autónomo. Quienes ingresen a esta categoría tendrían un número limitado de derechos laborales, y a la vez mantendrían la flexibilidad del trabajo autónomo. Esta opción ya rige en Francia y está a estudio en España a través de una redefinición del TRADE (trabajador autónomo económicamente dependiente). Otra alternativa es otorgar un piso mínimo de derechos y garantías para todos los trabajadores, con independencia de su calificación. La Unión Europea viene avanzando en este sentido. 

La disrupción que generó la llegada de las plataformas al mundo laboral, es un gran llamado de atención. ¿Cómo mantener la protección de los trabajadores al tiempo de aceptar las nuevas formas de trabajo? El fenómeno de las plataformas digitales es sin duda, una de las mayores disrupciones del mundo del trabajo de las últimas décadas. Si bien estas nuevas formas de trabajo generan oportunidades, también plantean grandes desafíos. Las plataformas han permitido la inserción laboral de personas con dificultades para ingresar al mercado de trabajo como estudiantes, mujeres con responsabilidades familiares, desempleados de larga duración. Sin embargo, también plantean un gran desafío. En la mayoría de los países, estos trabajadores no están cubiertas por el marco normativo y no tienen acceso a los beneficios y protecciones establecidos en la ley del trabajo. Por eso, es clave lograr una regulación adecuada que evite la precarización laboral. Tenemos que perderle el miedo a estas nuevas formas de trabajo y leer correctamente las señales de los tiempos porque adaptabilidad laboral no significa precariedad si se toman las medidas regulatorias adecuadas.

Los casos de Uber, Rappi o Glovo, que han tenido fuertes repercusiones en la región por la débil cobertura para los trabajadores. ¿Cuál es la visión sobre estos temas? Los trabajadores de Uber y los repartidores de Rappi o Glovo han sido la cara visible de este nuevo fenómeno. Sus condiciones de trabajo han estado en el foco de los medios y de la justicia. Se necesita la acción del regular para establecer condiciones de trabajo justas y en eso está avanzando la Unión Europea.    

En Uruguay, ya tuvimos un fallo de la justicia reconociendo la relación de dependencia de un chofer de UBER. ¿Es un caso paradigmático, que puede cambiar la relación? La reciente sentencia de Uruguay no es ajena a lo que ha estado ocurriendo en el mundo. En Estados Unidos y el Reino Unido, por ejemplo, los conductores fueron considerados trabajadores por la Justicia. Lo problemático es que existen sentencias contradictorias, aún dentro de un mismo país. En Brasil, Reino Unido y España por ejemplo, existen sentencias que califican a los choferes como dependientes mientras que otras como autónomos. Incluso algunos jueces han reclamado la acción del regulador para resolver de una vez por todas este tema.

Además de pérdida de derechos, hay otros aspectos que preocupan, como la pérdida de referencias laborales. Con el trabajo en plataformas digitales se presenta un desafío especial en relación con las referencias laborales, que siempre han sido clave para conseguir un trabajo nuevo. Las evaluaciones que hacen los clientes y los datos sobre el desempeño laboral de los trabajadores son propiedad de las plataformas, y no es posible que un trabajador se lleve consigo esta ‘reputación digital’ si desea cambiar de empresa. En este sentido, se necesitan regulaciones que consagren el derecho a la portabilidad de las evaluaciones.

Uno de los problemas más graves del mercado de trabajo de América Latina y el Caribe son las altas tasas de informalidad. Uruguay es una excepción, ya que es el país con menos trabajo informal de la región. En esto somos un ejemplo. Sin embargo, todavía tenemos que trabajar para lograr relaciones de trabajo de cooperación y no de confrontación.