FUTURO DEL TRABAJO
FUTURO DEL TRABAJO
La
robotización, la digitalización, la inteligencia artificial, entre otros
avances tecnológicos, están transformando las ocupaciones y las tareas que
realizan los trabajadores. Así, se hace evidente la necesidad de pensar en
estrategias para actualizar las habilidades de los trabajadores y evitar
pérdidas de empleo. La cuarta revolución industrial también está modificando la
forma en que trabajadores y empleadores se encuentran y se relacionan en los
mercados, generando tensiones, riesgos y oportunidades que serán fundamentales
para el futuro. La emergencia de estas nuevas formas de trabajo a través de
plataformas digitales regidas por algoritmos está alterando el funcionamiento
de los mercados de transporte, reparto y servicios digitales, entre otros. A su
vez, las tecnologías también han hecho posible trabajar de forma remota desde
cualquier lugar y en cualquier momento. Todo esto sucede en un contexto en el
que la participación laboral femenina va en aumento y los millennials demandan
una mayor flexibilidad. Si bien estos temas están
en la agenda de los países, todavía falta un enfoque global que aborde todas
las aristas de este nuevo mundo del trabajo.
Un
concepto que entra en tensión es la distinción entre trabajadores dependientes
y autónomos. Y hay muchos derechos en juego. ¿Cómo afrontarlo? La distinción
entre trabajador dependiente y autónomo no es un tema menor. Ser trabajador dependiente implica tener
un régimen de protección laboral y de seguridad social amplio. Salario mínimo,
vacaciones remuneradas, protección frente al despido, derecho a organizarse y
formar sindicatos son algunos de sus beneficios. Por el contrario, para los
trabajadores autónomos, este régimen de protección desaparece o es
significativamente menor, por lo que existe una distancia importante en
términos de protección entre ambos grupos. Las nuevas formas de trabajo
desdibujan los límites entre ambas categorías, tornando difícil encuadrar a
estos trabajadores en una u otra categorías. Como veremos más adelante, existen
algunas alternativas que se están analizando para afrontar este tema.
Entre
los mayores problemas a resolver están las “zonas grises” que se encuentran
entorno a las nuevas relaciones laborales. ¿Cómo vencerlas? En líneas generales
para distinguir el trabajo dependiente del autónomo, se utilizan los “indicios
de subordinación”. Si el trabajador recibe órdenes de su empleador, si cumple
un horario fijo, si utiliza las herramientas de la empresa, si está inserto en
la organización, estamos ante un trabajador dependiente. En caso contrario,
ante un trabajador autónomo. El problema se presenta porque estas nuevas formas
de trabajo combinan elementos de ambas categorías. Es lo que se conoce en la
jerga legal como “zona gris”. Para resolver este tema algunos países están
ampliando la definición de trabajador
dependiente y así minimizar la zona gris. Es lo que ocurrió en Italia con la
reforma laboral del 2019.
¿De
qué forma se está revisando y buscando soluciones a este tema a nivel global? Existen distintas alternativas que
los países están instrumentando. La primera es aplicar el régimen vigente en
cada país y calificar al trabajador en una u otra categoría en virtud del
principio de la realidad, que depende de las características del vínculo entre
las partes, independientemente de cómo le llame su empresa (socio, conductor,
proveedor, etc.). En California, cuna de las plataformas de Silicon Valley, el
Congreso aprobó una ley (Ley AB5 de 1°/01/2020) que considera trabajadores a
los conductores de plataformas, entre otros. Otra opción es crear una tercera
categoría que combine elementos del trabajador asalariado y del autónomo. Quienes
ingresen a esta categoría tendrían un número limitado de derechos laborales, y
a la vez mantendrían la flexibilidad del trabajo autónomo. Esta opción ya rige
en Francia y está a estudio en España a través de una redefinición del TRADE
(trabajador autónomo económicamente dependiente). Otra alternativa es otorgar
un piso mínimo de derechos y garantías para todos los trabajadores, con
independencia de su calificación. La Unión Europea viene avanzando en este
sentido.
La
disrupción que generó la llegada de las plataformas al mundo laboral, es un
gran llamado de atención. ¿Cómo mantener la protección de los trabajadores al
tiempo de aceptar las nuevas formas de trabajo? El fenómeno de las plataformas digitales es sin duda,
una de las mayores disrupciones del mundo del trabajo de las últimas décadas. Si
bien estas nuevas formas de trabajo generan oportunidades, también plantean
grandes desafíos. Las plataformas han permitido la inserción laboral de
personas con dificultades para ingresar al mercado de trabajo como estudiantes,
mujeres con responsabilidades familiares, desempleados de larga duración. Sin
embargo, también plantean un gran desafío. En la mayoría de los países, estos trabajadores
no están cubiertas por el marco normativo y no tienen acceso a los beneficios y
protecciones establecidos en la ley del trabajo. Por eso, es clave lograr una
regulación adecuada que evite la precarización laboral. Tenemos que perderle el
miedo a estas nuevas formas de trabajo y leer correctamente las señales de los
tiempos porque adaptabilidad laboral no significa precariedad si se toman las
medidas regulatorias adecuadas.
Los
casos de Uber, Rappi o Glovo, que han tenido fuertes repercusiones en la región
por la débil cobertura para los trabajadores. ¿Cuál es la visión sobre estos
temas? Los trabajadores
de Uber y los repartidores de Rappi o Glovo han sido la cara visible de este
nuevo fenómeno. Sus condiciones de trabajo han estado en el foco de los medios
y de la justicia. Se necesita la acción del regular para establecer condiciones
de trabajo justas y en eso está avanzando la Unión Europea.
En
Uruguay, ya tuvimos un fallo de la justicia reconociendo la relación de
dependencia de un chofer de UBER. ¿Es un caso paradigmático, que puede cambiar
la relación? La reciente sentencia de Uruguay no es ajena a lo que ha estado
ocurriendo en el mundo. En Estados Unidos y el Reino Unido, por ejemplo, los
conductores fueron considerados trabajadores por la Justicia. Lo problemático es
que existen sentencias contradictorias, aún dentro de un mismo país. En Brasil,
Reino Unido y España por ejemplo, existen sentencias que califican a los
choferes como dependientes mientras que otras como autónomos. Incluso algunos jueces han
reclamado la acción del regulador para resolver de una vez por todas este tema.
Además
de pérdida de derechos, hay otros aspectos que preocupan, como la pérdida de
referencias laborales. Con
el trabajo en plataformas digitales se presenta un desafío especial en relación
con las referencias laborales, que siempre han sido clave para conseguir un
trabajo nuevo. Las evaluaciones que hacen los clientes y los datos sobre el
desempeño laboral de los trabajadores son propiedad de las plataformas, y no es
posible que un trabajador se lleve consigo esta ‘reputación digital’ si desea
cambiar de empresa. En este sentido, se necesitan regulaciones que consagren el
derecho a la portabilidad de las evaluaciones.
Uno
de los problemas más graves del mercado de trabajo de América Latina y el
Caribe son las altas tasas de informalidad. Uruguay es una excepción, ya que es
el país con menos trabajo informal de la región. En esto somos un ejemplo. Sin
embargo, todavía tenemos que trabajar para lograr relaciones de trabajo de
cooperación y no de confrontación.